14 estrategias motivadoras para tus proyectos de e-Learning

Mantener la motivación del alumnado es una de las tareas principales que debe llevar a cabo cualquier facilitador de situaciones de aprendizaje. Aquí se presentan algunas tácticas que pueden ayudar a los diseñadores y autores de cursos de e-Learning a llevar a cabo este cometido. Estos sencillos consejos deben ser tenidos en cuenta desde la fase de Diseño Instruccional hasta la puesta en marcha del curso. Si los seguimos, veremos como no solo se mejora la motivación del alumnado, sino también sus procesos de atención y retención.

1. Sé original: las personas agradecemos las cosas nuevas. El “efecto novedad” hace que activemos nuestra atención y tengamos ganas de continuar aprendiendo. Empieza el curso con una frase ingeniosa o un contenido original y tendrás mucho ganado ¡Pero no te limites solo al principio! Intercala contenidos/frases innovadores a lo largo de todo el curso o puede que consigas el efecto contrario. Despierta la curiosidad, sorprende continuamente y acertarás.

2. Utiliza ejemplos y expresiones familiares para el alumno: si explicamos la nueva información a través de objetos o conceptos familiares para el alumno, facilitaremos su comprensión y su almacenamiento en la memoria. Del mismo modo, a todos nos gusta que nos hablen “en nuestro idioma”. La utilización de expresiones demasiado científicas o un lenguaje recargado entorpece el entendimiento y, con ello, las posibilidades de que el alumno deje de prestar atención y se dedique a otra cosa.

3. Sé divertido y ameno: utiliza cuñas humorísticas, sé ameno y no conviertas tu curso en “un tostón”. Mantener a la gente delante de una pantalla es difícil, y prácticamente imposible si el contenido que tienen delante no es atractivo. El consejo del humor no es un rumor. Lo aburrido pasó de moda. Diviértete creando el curso y divertirás.

4. Utiliza metodologías diversas: hacer siempre lo mismo, termina cargando. Utiliza diferentes metodologías para favorecer la motivación y no cansar a los alumnos.

5. Cuida el componente visual: tanto cuantitativa como cualitativamente. Un curso on-line debe nutrirse de varios elementos visuales: imágenes, iconos, vídeos… en una pantalla, los elementos multimedia son muy importantes. Pero, además, hay que procurar que éstos sean de calidad; que el curso “quede bonito”. No es necesario tener un máster en diseño, pero si cierto gusto. Para esto, siempre es recomendable pedir una segunda, incluso una tercera opinión… ya que, como es sabido, los gustos son muy relativos…

6. Fomenta la participación: que el alumno no sea un sujeto pasivo, sino activo. Que tenga continuamente que intervenir e interactuar con el contenido. Ya sea respondiendo a una pregunta, tomando alguna decisión, discurriendo o pensando algo nuevo. Él es el protagonista de la acción educativa y, por lo tanto, continuamente debe participar.

7. Ordena el contenido adecuadamente: que el contenido siga una estructura lógica, en la que se aprende primero lo básico y después se va ahondando en los conceptos. También es una buena estrategia ‘colocar’ o remarcar los contenidos principales al principio o al final. Esto favorece la retención.

8. Provoca emociones: a todos nos gusta que nos toquen la fibra sensible… evocar emociones hace que nos sintamos identificamos con lo que estamos viendo y ayuda a que posteriormente recordemos el contenido que nos llevó a ese sentimiento.

9. Céntrate en los intereses de tus alumnos: investiga un poco sobre qué le gusta a tus alumnos e intenta explicar los contenidos a través de esos intereses. Vendría a ser algo así como “dime qué te gusta y te enseñaré tal cual eres”. En masas muy heterogéneas de alumnos es más difícil acertar, pero siempre se puede dejar un margen para tareas y trabajos en los que puedan elegir la temática, por ejemplo.

10. Establece una retroalimentación positiva: cuida el feedback que proporcionas a los alumnos. Contesta siempre a sus preguntas en el menor tiempo posible, responde a sus inquietudes y corrige en un tono positivo. Y no olvides que la peor respuesta es “no responder”.

11. Establece un hilo conductor: puede ser un personaje que les acompañe durante todo el curso, un escenario común en todos los temas (por ejemplo, el antiguo Oeste), una historia que se va desarrollando conforme se avanza en el contenido… la idea es que se cree una simbología propia del curso; un marco simbólico que haga que el alumno se centre rápidamente e identifique mentalmente que está dentro del curso. Esto también te ayudará a dar coherencia a tus explicaciones.

12. Promueve la cooperación: que trabajen en grupo, discutan en foros… e incluso que se expliquen entre ellos mismos los contenidos. El trabajo entre iguales tiene un fuerte componente motivador, y la comunicación horizontal de ideas y experiencias enriquece y potencia el curso.

13. Utiliza los canales de comunicación que emplean tus alumnos: no dudes en utilizar las herramientas que ellos dominan y emplean con frecuencia. Tu mensaje será mejor entendido en estos cauces familiares para ellos y te asegurarás de que el contenido llega a los destinatarios.

14. ‘Gamifica’ el curso: las dinámicas y mecánicas de los juegos son altamente motivadoras. No es necesario convertir todo el curso en un juego, pero es bueno conocer y utilizar los elementos de las nuevas teorías de gamificación que nos pueden servir y ayudar. El establecimiento de recompensas, elementos de identidad, fomentar una competitividad sana… pueden sernos muy útiles y favorecer la consecución del objetivo final del curso: aprender.

Y esto es todo; varios elementos a tener en cuenta. Quizás no os hagan falta todos o no podáis ponerlos en práctica en su totalidad en vuestro curso específico. Pero siempre es bueno tener una serie de indicaciones y guías
¡Ánimo con tus proyectos de e-Learning! y, recuerda, ante todo… “motívate a ti mismo”.